Quiénes Somos Contactar Lista de Correo de Tritón  
  Relato redactado por Miguel Castro del Sifón Profundo
   
   

INMERSIÓN EN EL SIFÓN PROFUNDO, (POZO AZUL DE VILLALLANA)

Pues a mí también me contaron algo parecido a lo que sedujo a los asturianos.
Me llama el sábado por la noche mi hermano Javi, y me comenta que si bien él ha buceado en un sitio bastante asqueroso, Dani y Josep han localizado un sifón alucinante, el Pozo Azul en versión “fond de trou”, y que deje las botellas de 6 litros y me traiga algo más gordo.


Tras el oportuno madrugón me presento en el campamento para las diez de la mañana. La imagen desde la última curva de la pista me deja a cuadros: coches y todo terrenos por doquier, tiendas, autocaravanas, un barracón de lona de la DYA, restos de la fiesta nocturna... ¡Menudo montaje!


Después de saludar a los presentes, y dejar que me presenten el curioso agujero por el que nos vamos a meter, aprovecho para desayunar de nuevo con Dani y su mujer y concretar los detalles de nuestro plan. Según me informan, el sábado, Dani exploró una galería de amplias dimensiones hasta 120mts de hilo, observando una bifurcación de la misma hacia la derecha. El plan para hoy es trabajar esa nueva galería, y dejar que Martín avance por la explorada ayer.


Al poco de empezar a sacar trastos del coche, se presentan dos voluntariosos espeleólogos, de esos que ya no abundan, para ayudarme a empaquetar en petates todo el equipo que voy a necesitar.
Dani desparece con sus porteadores bajo tierra, y pocos minutos después le sigo yo por la escalera metálica acompañado de otros 4 fornidos sherpas.


La cueva es impresionante, con multitud de niveles y galerías laterales, y en el recorrido me van relatando las circunstancias de su descubrimiento y las maravillas que alberga. Me imagino transportando bibotellas por la misma y me da la risa. Pasados unos 30 minutos llegamos al sifón que nos aguarda. La verdad es que a primera vista, el parecido con el Pozo Azul es más que discutible, pero en fin, ya que estamos aquí...


El plan es que Dani vaya delante, ya que sabe por dónde debemos desviarnos del hilo principal, y yo le siga fraccionando el mismo con elásticos, y colocando flechas en las bifurcaciones. La cámara de fotos sub, para no perder las costumbres, se quedará en el coche. Comenzamos el descenso; la visibilidad es bastante reducida, pero permite intuir al menos por dónde avanzar al primero. Yo me limito a seguirle.
Fraccionamos sobre el hilo principal con la idea de tirar por una calle lateral. El maldito carrete, una vez más, decide incordiar un rato y perdemos unos minutos cortando y desenredando. Finalmente avanzamos por una galería que acaba en un culo de saco. A la izquierda, y antes de que el limo en suspensión limite la visibilidad, se adivina un laminador bastante angosto. Fraccionamos en un pico de roca al tercer intento, ya que la roca se desmenuza, y progresamos por el laminador. Mi visión se reduce a duras penas a las aletas de Dani, ya que nuestro movimiento ha enturbiado completamente el agua. Confío en que si él avanza, es señal de hay camino, porque lo que es yo, no veo ni un pijo. Finalmente, tras unos 12 metros de laminador, llegamos a un punto en el cual Dani me indica que demos la vuelta, entiendo que porque considera equivocado nuestro rumbo. Ahora me toca a mí superar en primer lugar el laminador que prácticamente no veo.


Me aferro al hilo y avanzo unos metros hasta quedar bloqueado. Retrocedo, corrijo un poco mi rumbo y vuelvo a intentarlo. Avanzo un poco más y me vuelvo atascar. Intento retroceder y vuelvo a notar que estoy atascado. La visibilidad es casi nula. Finalmente a base de mover las caderas, logro liberarme y retrocedo hacia donde espera Dani. Me estoy poniendo muy nervioso, y me pregunto por dónde vamos a salir si no vemos ni leches. Cuando llego hasta él y le indico que no puedo pasar, mi ritmo respiratorio está acelerado. El parece estar más tranquilo, y me muestra un hilo blanco que ha encontrado, y aparentemente es el que colocó el sábado, de modo que a través del mismo podemos cortocircuitar el laminador y acceder al pozo de entrada.


Ya fuera del agua, la sensación es agridulce. Por un lado me fastidia el desproporcionado trabajo desarrollado por todos para los pobres resultados conseguidos en esta birria de inmersión. Por otro, la sensación de haber escapado de una situación bastante comprometida, y la emoción que me ha proporcionado, compensa sobradamente la parte negativa. A fin de cuentas, ambas caras de la moneda, forman parte del juego.

 

Miguel Castro

GRUPO DE ESPELEOBUCEO TRITON

Octubre de 2003


 


© 2003 Grupo de Espeleobuceo Tritón
info@grupotriton.org