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INMERSIÓN EN EL SIFÓN PROFUNDO,
(POZO AZUL DE VILLALLANA)
Pues a mí también me contaron algo parecido
a lo que sedujo a los asturianos.
Me llama el sábado por la noche mi hermano Javi, y
me comenta que si bien él ha buceado en un sitio bastante
asqueroso, Dani y Josep han localizado un sifón alucinante,
el Pozo Azul en versión “fond de trou”,
y que deje las botellas de 6 litros y me traiga algo más
gordo.
Tras el oportuno madrugón me presento en el campamento
para las diez de la mañana. La imagen desde la última
curva de la pista me deja a cuadros: coches y todo terrenos
por doquier, tiendas, autocaravanas, un barracón de
lona de la DYA, restos de la fiesta nocturna... ¡Menudo
montaje!
Después de saludar a los presentes, y dejar que me
presenten el curioso agujero por el que nos vamos a meter,
aprovecho para desayunar de nuevo con Dani y su mujer y concretar
los detalles de nuestro plan. Según me informan, el
sábado, Dani exploró una galería de amplias
dimensiones hasta 120mts de hilo, observando una bifurcación
de la misma hacia la derecha. El plan para hoy es trabajar
esa nueva galería, y dejar que Martín avance
por la explorada ayer.

Al poco de empezar a sacar trastos del coche, se presentan
dos voluntariosos espeleólogos, de esos que ya no abundan,
para ayudarme a empaquetar en petates todo el equipo que voy
a necesitar.
Dani desparece con sus porteadores bajo tierra, y pocos minutos
después le sigo yo por la escalera metálica
acompañado de otros 4 fornidos sherpas.
La cueva es impresionante, con multitud de niveles y galerías
laterales, y en el recorrido me van relatando las circunstancias
de su descubrimiento y las maravillas que alberga. Me imagino
transportando bibotellas por la misma y me da la risa. Pasados
unos 30 minutos llegamos al sifón que nos aguarda.
La verdad es que a primera vista, el parecido con el Pozo
Azul es más que discutible, pero en fin, ya que estamos
aquí...

El plan es que Dani vaya delante, ya que sabe por dónde
debemos desviarnos del hilo principal, y yo le siga fraccionando
el mismo con elásticos, y colocando flechas en las
bifurcaciones. La cámara de fotos sub, para no perder
las costumbres, se quedará en el coche. Comenzamos
el descenso; la visibilidad es bastante reducida, pero permite
intuir al menos por dónde avanzar al primero. Yo me
limito a seguirle.
Fraccionamos sobre el hilo principal con la idea de tirar
por una calle lateral. El maldito carrete, una vez más,
decide incordiar un rato y perdemos unos minutos cortando
y desenredando. Finalmente avanzamos por una galería
que acaba en un culo de saco. A la izquierda, y antes de que
el limo en suspensión limite la visibilidad, se adivina
un laminador bastante angosto. Fraccionamos en un pico de
roca al tercer intento, ya que la roca se desmenuza, y progresamos
por el laminador. Mi visión se reduce a duras penas
a las aletas de Dani, ya que nuestro movimiento ha enturbiado
completamente el agua. Confío en que si él avanza,
es señal de hay camino, porque lo que es yo, no veo
ni un pijo. Finalmente, tras unos 12 metros de laminador,
llegamos a un punto en el cual Dani me indica que demos la
vuelta, entiendo que porque considera equivocado nuestro rumbo.
Ahora me toca a mí superar en primer lugar el laminador
que prácticamente no veo.

Me aferro al hilo y avanzo unos metros hasta quedar bloqueado.
Retrocedo, corrijo un poco mi rumbo y vuelvo a intentarlo.
Avanzo un poco más y me vuelvo atascar. Intento retroceder
y vuelvo a notar que estoy atascado. La visibilidad es casi
nula. Finalmente a base de mover las caderas, logro liberarme
y retrocedo hacia donde espera Dani. Me estoy poniendo muy
nervioso, y me pregunto por dónde vamos a salir si
no vemos ni leches. Cuando llego hasta él y le indico
que no puedo pasar, mi ritmo respiratorio está acelerado.
El parece estar más tranquilo, y me muestra un hilo
blanco que ha encontrado, y aparentemente es el que colocó
el sábado, de modo que a través del mismo podemos
cortocircuitar el laminador y acceder al pozo de entrada.
Ya fuera del agua, la sensación es agridulce. Por un
lado me fastidia el desproporcionado trabajo desarrollado
por todos para los pobres resultados conseguidos en esta birria
de inmersión. Por otro, la sensación de haber
escapado de una situación bastante comprometida, y
la emoción que me ha proporcionado, compensa sobradamente
la parte negativa. A fin de cuentas, ambas caras de la moneda,
forman parte del juego.
Miguel Castro
GRUPO DE ESPELEOBUCEO TRITON
Octubre de 2003
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