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INTRODUCCION
El correcto ajuste del lastre es un factor de suma importancia en la práctica del buceo, y cuando se trata de buceo bajo techo, real o virtual, una mala gestión del mismo puede derivar fácilmente en un problema grave de consecuencias imprevisibles. Por el contrario, un correcto ajuste nos facilitará considerablemente, tanto la inmersión como el transporte de nuestros equipos.
Si bien este ajuste es más sencillo y menos crítico para un buceador recreativo de aguas abiertas que no varía su configuración de equipo y escafandra, no por ello se dejará de darle la importancia que tiene.
Nadie en su sano juicio disfruta porteando equipos muy pesados Es relativamente fácil caer en la tentación, sobre todo si no es complicado transportar el material hasta el agua, de sobre lastrase sin medida, creyendo que con la ayuda de nuestro chaleco hidrostático, o ala suficientemente grandes, podremos estabilizarnos sin problemas a cualquier profundidad y evitaremos un ascenso descontrolado a superficie. Si usamos traje seco, la tentación de utilizar un exceso de plomo es mayor incluso.
¿Cuáles son las consecuencias de ello? Hay que reconocer que da gusto purgar el ala y hundirse como una piedra sin esfuerzo, pero en cuanto la hinchamos un poco para estabilizarnos, dan comienzo nuestros problemas. Si nuestra ala sólo contiene en su interior un volumen reducido de aire, los pequeños cambios de profundidad que normalmente se suceden durante una inmersión, producen variaciones de volumen igualmente pequeñas en el volumen de aire contenido en nuestra ala, y en consecuencia, modificaciones leves en nuestra flotabilidad que podremos compensar fácilmente con nuestros pulmones, o dinámicamente con las aletas o propulsor, sin que sea preciso actuar sobre la purga o el hinchador.

Bastante dura es la exploración tras sifón como dificultarla con equipos demasiado pesados Por el contrario, un volumen contenido en el ala de por ejemplo 10 litros, experimentará variaciones lo suficientemente importantes como para que no podamos compensarlas sólo con nuestras aletas o pulmones, viéndonos obligados a purgar o a hinchar. Es más, si no actuamos deprisa, ese exceso o defecto de flotabilidad seguirá variando cada vez más rápido, de manera que podemos vernos sumidos en un ascenso descontrolado que acabará en superficie o pegados a techo, o en el fondo de la cueva levantando el limo depositado y perdiendo de vista el hilo guía del que posiblemente nos habremos alejado. Es fácil prever lo mal qué puede llegar a acabar una situación como la descrita. Sin llegar a ser tan pesimistas, podemos deducir con sencillez otras consecuencias perniciosas de ir sobre lastrado:
-Cada vez que actuamos sobre el hinchador o la purga estamos desperdiciando gas que puede sernos vitalmente necesario. Además, cuanto mayor sea nuestra variación de flotabilidad, que es directamente proporcional al volumen contenido en el ala, más frecuentes y duraderos tendrán que ser nuestros hinchados o purgas, y estaremos más pendientes de la tráquea que de la inmersión.
-Cuanto más hinchada esté el ala, mayor es nuestro perfil y en consecuencia ofrecemos más resistencia al avance, debemos realizar un mayor esfuerzo, consumimos más gas, y estamos más expuestos a todos los problemas derivados del sobreesfuerzo en el buceo.
-Por pura lógica, para ir sobre lastrado hay que transportar equipos más pesados y/o más lastre, y no conozco a nadie en su sano juicio que disfrute más transportando equipos pesados que ligeros. Por el interior de una cueva se trata ya de puro masoquismo. Incluso ya en el agua, donde una vez equilibrados el peso aparente desaparece, la masa sigue siendo la misma, y el trabajo necesario para acelerar o frenar cualquier objeto es directamente proporcional a su masa. (Es decir, más masa= más esfuerzo= más consumo= más fatiga, etc.)

Un lastrado correcto nos hara disfrutar mas de la inmersion
El caso contrario, es decir el defecto de lastre, suele resultar evidente desde un primer momento, resultando sencillamente que no podemos hundirnos, pero superado este momento, puede llegar a ser más insidioso que el exceso y más difícilmente solucionable. Si superamos este problema simplemente añadiendo el lastre que nos hace falta en ese momento de inicio de la inmersión, podemos encontrarnos a mitad de la misma con que al haber desaparecido el peso del gas que hemos ido consumiendo, nos veamos irremediablemente empujados hacia superficie o hacia el techo de la cavidad por mucho que purguemos nuestras alas o plaquemos el traje. Recurrir a coger una o varias piedras del fondo es una solución que no siempre está a nuestro alcance, especialmente si ya nos hemos visto proyectados hacia el techo, así que también en este caso habrá que estar muy atentos a la correcta gestión del lastre.

A la hora de izar el equipo, cuanto más ligero mejor

Los equipos se convierten en autenticos rompe-brazos cuando hay que arrastrarlos...
Y...¿como lo hacemos?
Explicaré más abajo el método que empleo yo. Es posible que haya otras maneras más sencillas y precisas, pero esta se adapta bien a mi forma de bucear con numerosos cambios de configuración y de escafandra, y me deja re calcular en cualquier momento con muy poco trabajo el lastrado preciso, que es aquel que me permite mantenerme equilibrado entre dos aguas con las botellas vacías.
En primer lugar, se trata de averiguar cómo de “flotones” somos con nuestra configuración habitual. Este dato será de uso personal, ya que la mayor o menor cantidad de grasa o músculo de nuestro cuerpo, la densidad de nuestros huesos, la capacidad e hinchado efectivo de nuestros pulmones , así como otros factores, como el espesor y talla de la rata o el nivel de inflado del traje seco, hará que pueda variar considerablemente entre diferentes personas, e incluso en la misma persona según su nivel de entrenamiento.

Podemos aprovechar el inicio de la inmersión para proceder al pesado en el agua Paso a Paso:
Lo que yo hago es vestirme con cada una de las diferentes ratas que empleo, y el traje seco, y además equiparme con la totalidad de equipo que con certeza casi absoluta voy a emplear en cualquier inmersión.
Llamaremos a cada una de las configuraciones Equipo Ligero Habitual (E.L.H) En mi caso, puede comprender ratas de distintos grosores por separado o juntas, el traje seco o el traje húmedo, unas determinadas aletas, gafas, casco, linternas auxiliares y foco principal, carretes, cuchillos, mosquetones etc. Todo salvo la escafandra, la placa y los plomos.

El dinamómetro y pastillas de plomos de diversos tamaños nos permitirán calcular cuánto lastre adicional necesitamos Una vez hecho, y tras haber purgado el traje hasta el nivel de hinchado que habitualmente empleo, me sumerjo en una piscina en la cual he colocado una botella en el fondo, de la cual voy a respirar sin asirme a ella, y voy añadiendo pastillas de plomo hasta conseguir quedarme estabilizado entre dos aguas al tiempo que respiro de esa botella que no estoy transportando. Cuando he averiguado cuánto lastre preciso para mantenerme neutro bajo el agua con mis diferentes configuraciones de E.L.H bastará con saber qué flotabilidad neta tienen mis diversas escafandras vacías para ajustar perfectamente mi lastrado.
¿Cómo averiguo la flotabilidad de mis escafandras?
Lo más efectivo y sencillo es conseguir un dinamómetro preciso, dentro del rango de 15kg que venden habitualmente en armerías y tiendas de pesca deportiva por muy pocos euros, y pesar nuestras escafandras completas, es decir con el regulador, manómetro, mosquetones etc. que habitualmente utilicemos , sumergidas en el agua. Preferiblemente haremos este pesado con las escafandras vacías. Si están llenas, bastará con restar el peso del gas que contienen del dato obtenido para averiguar el peso vacías.

Diversos modelos de dinamometros Se puede calcular también en nuestra propia casa la flotabilidad de nuestras escafandras de forma empírica, si bien el dato obtenido no será tan preciso como pesando nuestras escafandras en el agua; ¿como?
Para ello debemos calcular el volumen exterior de nuestra escafandra, y restar de él peso de la misma. La diferencia, negativa o positiva será su flotabilidad. Con un ejemplo se ve con mayor claridad.
Supongamos una botella de acero de 4 lts, cargada con aire a 200 atm, es decir 800lts. A ella le conectamos una primera etapa, mosquetón, aro y demás accesorios y la pesamos, resultando un peso en superficie de 6.450gr.
Descontamos el peso del aire, que tiene una densidad de 1,3. 800ltsx1,3=1040gr. El peso de los grifos y reguladores no es en absoluto despreciable. Un grifo de monobotella pesa entre 600 y 1000gr, y una primera etapa de regulador, entre 500 y 1.100gr. Un mosquetón de acero pesa en torno a 120 gr, y una abrazadera ó aro, de 50 a 700gr. Es decir, que el peso de nuestra escafandra completa, restando el peso del aire, asciende a 5.410gr. Si tomamos como densidad media del conjunto 8,0 (promediando de forma ponderada la densidad del acero y la del latón, 7,8 y 8,5 respectivamente), podemos deducir que el volumen del material es de 0,67 litros, que sumados a los 4 litros de capacidad indicados por el fabricante de la botella, dan un empuje ascensional en agua dulce de 4+0,67=4,67kg=4670gr. Si el peso total del conjunto vacío es de 5.410gr su flotabilidad NEGATIVA será de 740gr.

Pesando la botella y la placa en el agua mediante un dinamómetro
Este dato es aproximado, ya que posiblemente los 4 lts de capacidad de la botella indicados por el fabricante no serán exactamente 4 litros, y el cálculo anterior no es completamente preciso, así que habrá que afinar los resultados una vez en el agua. No obstante servirá para hacernos una idea bastante aproximada de la flotabilidad de la escafandra.
Volvamos a poner un ejemplo.
Supongamos que he calculado que mi E.L.H. necesita de 8000gr de lastre para mantenerme neutro en agua dulce. Conozco el dato de que una de mis escafandras completas, de 4 litros, estando vacía tiene una flotabilidad negativa de -740gr. Voy a usar 2 escafandras iguales, es decir -740grx2=-1.480gr. Mis escafandras van a estar llenas de aire, que tiene una densidad de 0,0013, es decir que pesa 200atmx4ltsx2 escafandrasx0,0013=2,08kg
8.000gr-1.480=6.520gr de lastre adicional debo añadir al equipo para permanecer neutro con las escafandras vacías, y al inicio de la inmersión iré sobrelastardo en 2,08kg (El peso del aire que transporto).
La diferencia de peso entre una escafandra llenada con aire o con una mezcla rica en helio es considerable. Así, si la densidad del aire es 0,0013, es decir 1,3kg cada metro cúbico, el helio tiene un peso específico de solamente 0,00017, es decir 0,17kg cada metro cúbico. De esta manera, la densidad de una mezcla con un 50% de helio será de sólo 0,00073.
La densidad del oxígeno (1,4), está muy cercana a la del aire. En la práctica, podemos utilizar la densidad común del aire ( 1,3) para las distintas mezclas de nitrox sin mayores problemas. El peso específico del argón asciende a 1,78.

A la hora de añadir el lastre que precisamos para ser neutros con nuestras escfandras vacías, resulta práctico configurar una parte del mismo como lastre fijo, del cual ni necesitamos ni debemos librarnos durante la inmersión ya que tal circunstancia nos provocaría un ascenso incontrolado, y otra parte como lastre zafable. El lastre zafable será equivalente al peso del gas contenido en nuestras botellas. Buceando con placa de acero, aluminio o plástico, es sencillo y cómodo llevar el lastre fijo en forma de lingote de plomo atornillado a la placa, y el lastre zafable, en un cinturón o en plomos individuales de diversos pesos unidos con mosquetones de perro a nuestro arnés. (Personalmente prefiero el segundo sistema que me parece mucho más flexible)
Otras consideraciones Una vez establecido nuestro equilibrio hidrostático con nuestro E.L.H. y escafandra, cualquier elemento adicional que añadamos tiene que ser lo más neutro posible. Mochilas y petates deberán ser sumergidos previamente, y una vez empapados, equilibrados adecuadamente con plomo o con elementos que les otorguen flotabilidad. Para ello, las botellas de plástico de refrescos de diversos tamaños , rellenadas con espuma de poliuretano, ofrecen una flotabilidad y resistencia a la presión considerables. Podemos cometer el error de transportar petates muy negativos sin equilibrarlos, utilizando el ala para compensar su peso. En estos casos, hemos de tener en cuenta que además de todos los problemas derivados de ir sobre lastrado que se exponían al principio de este escrito, si por alguna causa hemos de desprendernos de este exceso de lastre, podemos vernos en una situación muy comprometida de ascenso incontrolado. Precisamente un incidente grave sufrido recientemente por un compañero por esta causa, es lo que me ha animado a escribir este artículo.

Contenedor estanco de 30 lts de capacidad "Home Made" Las bolsas estancas de volumen variable, experimentan diferencias de flotabilidad importantes con la profundidad, por lo que será preferible sustituirlas por contenedores estancos rígidos correctamente equilibrados. Hay que tener en cuenta que, si estas bolsas estancas contienen muy poco aire, su flotabilidad experimentará variaciones poco importantes, pero el objeto transportado en su interior se verá muy afectado por la presión hidrostática, que podría llegar a destruirlo. Así que dependiendo de la profundidad de nuestra inmersión o de la fragilidad del objeto, será preferible optar por contenedores rígidos. Salvo circunstancias excepcionales, debemos huir de mochilas estancas flexibles con sistemas de hinchado y purga. Su flotabilidad se puede volver incontrolada con mucha facilidad.
El problema que tienen los contenedores rígidos es que precisan mucho lastre para hundirlos si no están cargados con material pesado. Si utilizamos bolsas estancas para meter nuestro material delicado, y a su vez las introducimos dentro del contenedor estanco, podremos llenarlo de agua u objetos resistentes al agua a voluntad hasta tenerlo perfectamente equilibrado, y sin embargo el contenido de las bolsas no se verá afectado por la presión exterior. Merece la pena probar esta sencilla solución que no añade peso al que debemos transportar y está siempre disponible a pie de inmersión.

La escalada tras sifón implica el transporte de numeroso material adicional

Resumiendo:
1º Averiguar nuestra flotabilidad con nuestros equipos ligeros habituales completos, vistiendo traje seco, húmedo, ratas de diferentes grosores, y anotar cuántos kilos de lastre necesitamos para estar neutros.
2º Averiguar la flotabilidad de nuestras diversas escafandras totalmente equipadas, pero vacías, y anotarlo en las mismas. Usar preferiblemente el pesado con dinamómetro dentro el agua. Averiguar igualmente la flotabilidad de nuestras placas de acero y aluminio con sus correspondientes alas deshinchadas.
3º Averiguar el peso del gas que contienen nuestras escafandras, y anotarlo igualmente en ellas. Tener en cuenta el tipo de gas.
4º Calcular nuestro lastre basandonos en la flotabilidad de nuestras escafandras vacías. Configurar en primer lugar el lastre zafable considerando el peso del gas transportado, y añadir después el lastre fijo.
Pongamos dos ejemplos:
Utilizamos un E.L.H. determinado para cuyo equilibrio hidrostático precisamos de 8 kg empuje negativo.
Nuestra placa de aluminio nos otorga -1kg,
Nuestra placa de acero nos otorga -3kg
Llevamos también dos escafandras de 12 lts llenas de aire, cuya flotabilidad vacías es de -1,25kg x 2 escafandras = - 2,5kg
El peso del gas contenido en cada una, que en esta ocasión se trata de aire, asciende a 3,12kg. (200atmx12lts x 0,0013/litro), es decir que entre las dos escafandras, pesa 6,24kg.
Si usamos la placa de acero (3kg), más las dos escafandras vacías, (2,5kg), tenemos un lastre fijo obligado de 5,5kg sin añadir nada de plomo. Como sabemos que necesitamos 8kg de flotabilidad negativa para mantenernos estables con ese E.L.H., deberemos añadir 2,5kg de lastre. El peso del gas transportado asciende a 6,24kg, así que esos 2,5 kg de lastre deberían ser zafables, si bien al inicio de la inmersión estaremos en una situación comprometida en caso de fallo de nuestra ala, por quedar sobrelastrados en 3,74 kg aunque nos desprendamos de todo el lastre zafable. (2,5kg)
Será más seguro y apropiado utilizar la placa de aluminio (1kg) en vez de la de acero. Con ello, el resultado de lastre fijo obligado es de 3,5kg, (1kg placa+2,5kg escafandras) y los 4,5kg restantes a añadir para alcanzar los 8kg de equilibrio podrán ser zafables para compensar el peso del aire transportado. No obstante, aun utilizando la placa de aluminio, todavía tendríamos un exceso de lastre fijo y una carencia de lastre zafable al inicio de la inmersión, ya que el peso de nuestro gas es de 6,24 kg, y sólo disponemos de 4,5kg de lastre zafable. Ello es debido a que las escafandras del ejemplo son demasiado negativas, y condicionan el resto del lastrado.
Utilizamos ahora otro E.L.H. con una rata más gruesa, que precisa de 13kg de empuje negativo, o lo que es lo mismo, tiene una flotabilidad de 13 kg.
Tenemos las mismas placas de aluminio(-1kg) y acero (-3kg)
Ahora nuestras escafandras son 2 botellas de 18lts, cuya flotabilidad negativa vacías es de -0,4kg y -0,3kg =-0 ,7kg
El peso del gas contenido, un TX50 asciende a 200atmx18ltsx0,00073gr/litro=2,628kg, por dos escafandras =5,25kg
Si usamos la placa de acero (3kg), más las dos escafandras vacías (0,7kg), obtenemos una flotabilidad negativa de 3,70 kg es decir que necesitaremos añadir 9,30 kg adicionales de lastre a nuestro equipo para alcanzar los 13 kg requeridos con ese E.L.H. Como el peso del gas transportado es de 5,25kg, este lastre que añadimos debería ser de 5,25kg en forma de lastre zafable, y el resto (4,05kg) en forma de lastre fijo.
Si usamos la placa de aluminio (1kg), más las dos escafandras vacías (0,7kg) obtenemos una flotabilidad negativa de 1,7kg, siendo deficitarios en lastre de 11,3 kg sobre los 13 que precisamos. En conscuencia habremos de llevar un lastre zafable de 5,25kg, y un lastre fijo de 6,05kg en forma de lingote. En este caso, y al usar escafandras considerablemente menos negativas que las de 12 lts del ajemplo anterior, y una rata mucho más gruesa y en consecuencia con mayor flotabilidad, parece más adecuado usar la placa de acero en vez de la de aluminio.

Preparando el equipo para la exploracion post-sifon Así como el motivo de calcular nuestro lastre con las escafandras vacías viene dado por la necesidad de no tener exceso de flotabilidad conforme se vaya gastando este gas, que parte de este lastre sea zafable, es debido a la conveniencia de poder ganar boyancia en caso de que nuestra ala, que tiene que compensar el peso del gas transportado, falle. Si en vez de meter todo este lastre en un cinturón, lo dividimos en plomos o bolsas con arena o grava de uno o dos kg, podemos desprendernos de él de forma fraccionada en el caso de que el fallo en nuestra ala suceda a mitad de inmersión, cuando ya hemos consumido una parte importante de nuestra reserva de gas, sin vernos por ello empujados hacia el techo. Además, resulta mucho más fácil de transportar y gestionar, especialmente si se trata de inmersiones en sifón terminal o post sifón.
Como se deduce fácilmente de todo lo anterior, las botellas demasiado negativas no tienen cabida en la práctica del espeleobuceo. Por una parte son más difíciles de transportar que sus equivalentes en capacidad de menos peso, convirtiéndose en verdaderos rompe brazos cuando hay que arrastrarlas o elevarlas, y por otro, limitan severamente o incluso suprimen nuestra capacidad de gestionar el lastre zafable. Añadir flotabilidad a las botellas demasiado negativas mediante inserciones de espuma aislante o incluso mediante pequeñas vejigas que permiten su hinchado y deshinchado a voluntad, no es más que una solución chapucera para un problema de fondo. Como sucede en alpinismo o en la propia espeleología aérea, cuanto menos peso transportemos, más rápidos, seguros y felices seremos.
Texto Original: Miguel Castro (Grupo Tritón)
Fotos: Archivo Tritón
Montaje: Javi Castro. (Grupo Tritón)
Julio 2009
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